domingo, 25 de septiembre de 2011

El alemán, los Flohmarkts y el viaje a Croacia


Llevo tres meses en Munich y puedo decir que la rutina llegó a mi vida. Entre semana voy a las clases de alemán, de 9-12. Somos unas 17 personas cada una de un lugar, y los niveles van desde el Jordano que se perdió en la primera clase y no remonta, hasta la polaca que lleva viviendo 3 años aquí y habla alemán al estilo María Estéve en El otro lado de la cama. La profesora no es la mejor del mundo y por ello hemos tenido un montón de problemas con el tema del siguiente curso, pero esto es capítulo aparte. Como mi amiga Cintia dice, esto es lo que pasa por apuntarte a cursos baratos. Pero la verdad que desde que empecé ya voy cogiendo soltura, y mantengo pequeñas conversaciones con Denis de supermercado. Lo que más me cuesta es acordarme del género de cada nombre, que sin el cual en el mundo de las declinaciones, estás perdido.

En cuanto a mi casita, la tengo más o menos amueblada, lo que viene a significar que lo esencial ya lo tengo. Entre mis últimas adquisiciones está una mesa de hierro y un sillón de abuela, de una señora que ha pasado a mejor vida hace poco. La verdad que fue un palazo cuando fuimos a buscar la mesa y la hija nos contó porque la regalaba. Más palazo fué cuando llamamos para recoger el sillón y no nos dimos cuenta de que era de la misma señora. Pero la verdad que la hija es un sol, y hoy va a venir a traernos un mueble para el baño que nos hacía bastante falta, ya que tengo todos mis cosméticos metidos en una caja. Creo que le dimos bastante pena al vernos cargar con el sillón que pesaba como un demonio. Tardamos una media hora en llevarlo hasta el metro ya que no hay cosa más incomoda de transportar. Una vez donde yo vivo mis musculitos dijeron hasta aquí vamos a llegar. Así que en ocurrencias de pobre, mangamos un carrito del Aldi y lo llevamos cual gitanos a su nuevo hogar. Y es que en Alemania llegar a sorprender la mentalidad tan arraigada del reciclaje. Cada fin de semana hay un montón de Flohmarkts donde encuentras cosas de todo tipo. El más grande en el que he estado se encuentra en Olympia en un aparcamiento. Hay cabida de 3000 plazas por lo que te puede llevar un día verlo entero. Hay de todo lo que te puedas imaginar, y los precios evidentemente también varían, pero la mayoría de cosas (sobretodo de cocina) no van más allá de 50 céntimos. Pero claro más barato es cuando te lo regalan. Ayer estuvimos en casa de una señora de 90 años (nadie lo diría) que se muda a una residencia. Creo que en su casa tuve una de las escenas más vergonzosas de mi vida. Recopilé un montón de chatarrilla mona.. pero en un ahínco de generosidad la señora nos regaló 6 cuencos con sus correspondientes platos, una cazuela de barro y unos cuantos maceteros que me vienen geniales para unas plantas que me quiere dar mi vecino. Como la maleta ya la llevábamos bastante llena, decidimos poner estas cosas delicadas en una caja, que dos metros después se abrió por abajo y casi todo lo mencionado impactó en el suelo. Lo visible no hubo manera de ocultarlo, pero otras cosas que llevábamos en una bolsa de tela (los cuencos y la cazuela) Denis decidió no decir nada y allí que salimos por la parte sonando a cristal roto. Se han salvado los maceteros menos dos (los que más me gustaban obviamente son los que se tenían que romper). Menos mal que la señora tiene ya 90 años y no recordará este suceso por mucho tiempo.

(Maceteros sobrevivientes)

Otro sitio que me descubrió Víctor es Halle2. Aquí no me gusta ir mucho porque se peta de Bosnios sin escrúpulos. Es un almacén donde venden todo tipo de cosas (a mi parecer que la gente ha tirado a la basura). Hay de todo: muebles, cosas para la cocina, aparatos eléctricos, instrumentos musicales, libros, Vinilos... No es muy grande pero si eres avispadillo te llevas chollazos a casa. El otro día un tío se llevo un piano bastante antiguo pero en perfectas condiciones por 40 euros. Eso sí, si te quieres llevar muebles o bien te los cargas a la espalda o te buscas un coche. Por lo que no me gusta ir mucho es por los bosnios mencionados anteriormente. Tienes que ir cuando abre o si no ya no queda nada. La apertura de la puerta es semejante al corte inglés en rebajas (y además que siempre son los mismos y me da mucha rabia). El truco está en que éstos recopilan todo lo que pueden y luego lo venden en los Flohmarkts más caro. Por lo que siempre que he ido acabo estresada porque es el "me lo quitan de las manos" pero en versión valcánica.

Y es que la verdad que la mentalidad yugoslava es caso aparte. El finde pasado fuimos a Croacia en autobús por primera y última vez. El autobús vino con dos horas de retraso ya para empezar, pero lo mejor fue que tardamos 6 horas en llegar a Croacia.. bajarse dos veces a las 3 de la mañana con toda la rascaza en la frontera con Eslovenia y luego parar en cada pueblo de Croacia despachando gente hasta Vucovar que es la última parada donde nos apeamos. Llegamos con tres horas de retraso. Es decir que el autobús salió a las 9 de la noche de Munich y llegamos a Vucovar a las 10 de la mañana. La muerte hecha viaje. En la vuelta no hubo retrasos.. pero si incidentes. El autobús iba a reventar, y dos señoras que viajaban juntas no les salía de las narices compartir asiento. Las muy indecentes no respondían a las peticiones del autobusero de: "señoras no se hagan las dormidas y muevan los bolsos de los asientos vacíos". Al final no les quedó más remedio porque la última en subirse al autobús fué una señora de 100 kilos y o bien se sentaban juntas o compartían asiento con la masa. Así que la señora de 100 kilos viajo sola.

Mañana nos toca Oktoberfest, del cual ya comentaré.