La comida
No está mal y la verdad me la esperaba bastante peor. En los supermercados hay de todo y bastante variedad, pero a mi me resulta caro. Tienen 300 tipos de pan, pero una baguette te cuesta 1 euro y pico. Me he reencontrado con la pastella, que es una especie de ensalada de mayonesa triturada con atún o con lo que sea, que comía en Polonia a todas horas. Aquí las cajeras se toman su tiempo. Ya puede dar igual la cola que haya que si a la señora del carrito le apetece estar tres horas buscando en el monedero céntimos, o estar de cháchara, la cola no avanza. En cuanto a los restaurantes, hay también de todo y con muy buen gusto. Sorprendentemente no es nada caro, incluso más barato. Hace poco comimos en un sitio llamado “Multi-Kulti”, y por 10 euros nos pusieron unos platos que apenas nos cabían en la mesa. Por lo general aquí se nota que les gusta comer y beber. Sea el día/hora que sea siempre ves gente tragando. Y aquí me resulta difícil de creer que haya alguien que no beba. Los Beer Gartens están llenos siempre de gente tomándose su medio litro de cerveza (que por cierto, está buenísima).
El tiempo
Raro. A ratos hace calor, a ratos hace frió y se pone a llover. Ya me ha caído el diluvio universal unas cuantas veces encima, así que ahora voy con chaqueta, pañuelo y paraguas en el bolso. Por lo que pronostican este verano va a ser así. Desconcertante. Pero se agradece la brisilla, y el dormir bajo la manta por las noches. Lo que más me molesta es la puñetera lluvia. Que si te pilla en la calle depende de cómo sople el viento te da igual llevar paraguas o no. Aquí la gente parece estar muy acostumbrada, y les da igual que les llueva encima y los ves andando tan tranquilos. E incluso he visto ya a dos personas ir descalzos con los zapatos en la mano para que no se estropeen (me imagino).
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