La gente de Múnich es bastante variopinta. La primera impresión fue llendo el primer día a Marienplatz. Nada más salir del metro me topé de cara con la cabalgata del orgullo gay que aquí se llama Christopher Street Day. Había en Marienplatz un escenario donde estuvieron dando conciertos el sábado y el domingo, y un montón de puestos de salchichas y de cerveza. Decir que en este aspecto aquí los alemanes son de lo más típico. Ellos barrigones, con bigote y mejillas y sonrojadas; ellas rubias, tetonas y enormes. Feos a no más poder. Ha tardado unos días en quitárseme la sensación de estar rodeada de turistas. En cuanto al carácter, son muy educados, a mi punto de vista incluso excesivo. Te sonríen hasta siendo bordes. Pero por lo general la gente es agradable, y si alguien te para o te dice algo por la calle, no tienes la sensación de que es el típico colgado de turno.
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